viernes, 9 de abril de 2010

Luna Nueva

Se apaga la luz. En la primera escena, donde sale la actriz principal, hay silencio total. En la segunda, donde sale el protagonista, el más ‘papi’ de todos, histeria colectiva. Suelto una carcajada. ¿Así o más ridículas?, digo para mis adentros. Más ridículas, me contesto de inmediato.



En medio de silbidos, suspiros y sonrisas de cientos de niñas, me doy cuenta de que también hago parte de ese grupo femenino que acudió anoche en masa para ver el estreno de ‘Luna nueva’, la segunda película de la saga Crepúsculo que tanto me cautivó. Ridícula, pienso nuevamente, y me vuelvo a reír.

No me da pena aceptarlo. Yo fui una de esas que sonrió, de manera picarona, cuando los hombres que aparecen en el filme se quitaron la camisa y mostraron su torso desnudo, perfecto, con las abdominales marcadas. Me faltó silbar, creo que mi personalidad no dio para tanto, pero se me alcanzaron a pasar algunos malos pensamientos por mi cabeza. Me sonrojo. No puedo creer que esté soñando despierta con algún protagonista inalcanzable.

Miro a mi novio(ahora es mi esposo), que no deja de moverse en la silla. Está aburrido, pero no me da pesar. Fue él quien insistió en venir conmigo, dizque para acompañarme, ¿o acaso serán celos? Sinceramente no me importa. ¿Y por qué no me conseguí uno así?, me pregunté durante las dos horas que duró la película, esa que esperé con ansias desde hace un año, cuando, como adolescente, me leí los cuatro libros en una semana. ¡Desocupada!, como si no tuviera trabajo que hacer, me dije cada que terminaba un libro y empezaba el otro.

¡Qué ridiculez haber comprado desde hace un mes la boleta! ¡Qué boleta haber saltado de felicidad cuando por fin la tuve en mis manos! Ya no me importa sentirme ridícula, ser una más de la masa, la verdad me tranquiliza pensar que, dentro de todo, no soy la única que suspira con un hombre, o mejor, con una manada de hombres lobo que se ve en la pantalla gigante.

En toda la sala, llena hasta reventar, hay muchas mujeres tratando de meterse en la pantalla para ver si pueden comerse a los personajes de esta historia de amor contada con colmillos y garras. Pocos son los hombres que estuvieron allí. Entre esos mi novio. No será un vampiro ni un licántropo. No tendrá abdominales de chocolatina que harían babear a cualquiera, pero está a mi lado, mamándose toda una película rosa que tiene muy poco de acción sólo por estar conmigo.

Es perfecto, pienso. Luego sonrío orgullosa por tenerlo ahí, pero vuelvo a voltearme hacia la pantalla para seguir disfrutando de los cuerpos de dioses y de esa historia tipo Romeo & Julieta del Siglo XXI.

Escena final. Más gritos, aplausos, niñas llorando y yo, de nuevo, vuelvo a decir: ridículas, ilusas, los hombres perfectos no existen, el único que hay en el mundo está a mi lado, creo.
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