martes, 6 de abril de 2010

Mi drama de ser pequeña

Siempre he dicho que ser pequeña tiene sus ventajas: puedes estar en primera fila en eventos como los desfiles callejeros porque la gente se apiada de uno, además, uno nunca tapa a los de atrás.

En el colegio y en la familia siempre serás la persona más consentida, no porque seas la menor sino porque tu estatura provoca a los demás a 'apechicharte'.



En algunas ocasiones, especialmente cuando estás de buenas o enfermo puedes pasar de primero en la fila del almuerzo del colegio o del trabajo. También puedes dormir cómodamente -y para envidia de muchos- en cualquier parte, como el asiento trasero de un automóvil de cualquier modelo.

Es más, en el transporte público -me refiero al MIO especialmente- a veces, cuando estás encartado o tu cara es demasiado tierna, suelen darte el puesto luego de que la gente que va sentada ve cómo te zarandeas de un lado para otro cual crispeta en una olla.

También te tratan con cariño y siempre te dicen tu nombre en diminutivo porque generas ternura, así no seas la persona más tierna y dulce sobre la tierra.

Pero hay casos, bueno, sólo un caso, en el que no me gusta ser pequeña: cuando no estoy de buenas y la gente no me da puesto en los buses del transporte público ( aclaro que no me molesta porque tenga que ir parada), generalmente me toca ir debajo de las axilas de los demás pasajeros porque mi estatura de metro y medio no da para más.

Es horrible, la verdad no se lo deseo a nadie. Ese olor entre desodorante y sudor, o peor aún, ese olor a chucha es una cosa que no se puede describir, mucho menos disfrutar.
Lo más triste de todo es que algunas de esas incómodas axilas son de mujeres mal depiladas o que están de pelea con la cuchilla de afeitar, pues sus pelos se asoman por la 'sexy' blusa de tiras que creen que las hacen ver más coquetonas y lo que hace es darles una apariencia más desagradable.

No me gusta ser pequeña porque ese olor me penetra desde la coronilla y llega hasta mi nariz de una manera absurda, especialmente cuando quedo debajo del ducto del aire acondicionado del sistema de transporte masivo y el único aire que me llega es algo fétido y caliente.

Otras veces alcanzo a sobrepasar las axilas, pero quedo en la boca. Bocas con bozo (más horrible si son de mujeres), bocas con dientes podridos o con comida entre ellos. También me ha tocado bocas con mal aliento, como si se hubieran comido un perro en descomposición (pero aclaro que no tengo nada contra los perros).

La verdad no sé qué es peor, si la chucha o el mal aliento. Ahh ¡ya sé! Lo peor es cuando quedo en el limbo, es decir, cuando quedo entre la boca y la axila, así el olor de ambas cosas me llega al tiempo y no tengo para dónde escapar, porque generalmente y cuando el MIO está lleno yo voy incrustada entre la espalda de un hombre gordo sudoroso y el bolso puntudo de una señora que no sabe lo incómodo que es tener algo enterrado en el estómago y que se mueve cada que ella quiere encontrar su celular, su cepillo, su espejo, su labial o lo que se le ocurra y, que al fin y al cabo nunca encuentra.

Realmente en esos casos, medir metro y medio me disgusta, de resto, soy una pequeña persona feliz.
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