miércoles, 1 de diciembre de 2010

Conozcan a mis primos Montealegre


En uno de esos momentos de inspiración recordé a todos mis primos Montealegre, ellos son familia por parte de mamá. Quise hacerles este regalito a todos para que conozcan cómo los veo yo.  Amo a todos aquellos que hacen parte de esta familia que es tan alegre como nuestro apellido.

Este escrito está dedicado a todas las generaciones futuras. Espero lo disfruten.



Andrea: Es la mayor de las primas. Si de chistes malos se trata, ella les puede enseñar todos. Tiene una gracia para contarlos que por más perversos que sean los van a hacer reír hasta llorar. Además, la risa, esa que yo siempre dije que se parecía a la de una bruja, ayuda mucho para darle más gracia a lo que cuenta.
Nunca la he visto seria y mucho menos brava –así que no la hagan enojar, porque debe ser muuuuyyy brava. Al menos la gente piensa que cuando alguien es calmado siempre, se le salta la piedra y es mejor pagar escondedero—.

Tiene un sentido del humor fantástico, es burletera  y hasta maldadosa, de eso han aprendido bastante sus hijos Fernando José y Juan Carlos.

También es cariñosa (a su modo).  Posiblemente no recibirás muchos besos y abrazos de su parte (a menos que esté con ganas de hacerlo), pero un masaje, un peinado, un mensaje a tu correo o celular o simplemente cuando se sienta a hablar con uno o a mirar para el techo a tu lado son suficientes para que sepas cuánto te quiere.


Carolina: Es sinónimo de rumba, en especial de la salsa. Si su primer apellido no fuera Montealegre sería Pachanguera Cooper, y creo que eso se lo sacó a sus papás, que hasta en Canadá 'azotarán baldosa' de vez en cuando.


Si la llaman a llorar ella está ocupada llorando, porque desde peque ha sido lágrima floja, llora de rabia, de tristeza o de alegría. Creo que hasta llora viendo bordar (Es un dicho familiar).

Sacarle una carcajada es tan fácil como sacarle la piedra, así que es mejor mantenerla muerta de la risa que bravita. Para tenerla contenta creo el remedio infalible será una canción de Robi Draco, su artista favorito. Ahh y nada mejor en una tarde de calor que regalarle una cerveza bien helada o un jugo de lulo recién hecho.


Si uno va a hablar con ella es mejor hacerlo de día, porque sino, te puede dejar hablando solo a mitad de la conversación, se queda dormida fácilmente, eso sí, no le pongan una almohada de plumas porque la alergia la desvelaría.

Diana Isabel:  Una de mis primitas menores dice que es un ejemplo a seguir porque es una verraca que se ha labrado su camino a punta de sudor y lágrimas. Es buena estudiante y buena prima, dicen que también es buena esposa y hermana (pero eso no lo puedo asegurar porque no es mi hermana y mucho menos mi esposa).


Ella vive en Los Ángeles, se fue para allá luego de haber estudiado como loca en Mexicali algo relacionado con la bacteriología, la verdad no me acuerdo bien qué fue. Lo que sé es que cuando empieza a reírse no puede parar, parece como si le dieran cuerda para rato.

Conversar con ella es muy chévere, puedes hablar de temas simples como  La Bella y La Bestia, su película favorita de Disney, o de bacterias y todas esas cosas que ella y nadie más de la familia sabe.


Julián Alberto: Lo conocerán mejor como el negro, morocho o juli. Como es hijo único no va a tener sobrinos propios, por eso le prometimos que nuestros hijos serán sus sobrinos. Así que los que vengan ya están avisados, él es el Tío Juli.

Habla lo necesario, lo demás lo contesta con gestos y moviendo la cabeza y lo hace porque no quiere perder su fama de que no le gusta hablar. Pero esa es una de sus caras, pues cuando está con nosotras, sus primas, habla hasta que se aburre.


Le encantan los Magníficos, una serie de los 80 que todavía se ve a media noche. Su personaje favorito era Mario Baracus. Alguna vez su mamá lo disfrazó de él y ese niño casi se muere, pero no de la emoción sino de la pena, aunque ahora, veintitantos años después se dio cuenta de que ha sido el mejor disfraz de todos los tiempos.

Su bebida favorita, el Chocolisto frío y sin azúcar tomada en una jarra tan grande como una licuadora. Si se lo das con un pan de $2.000 serás l@ mejor sobrin@ que haya tenido nunca.

El negro sabe de matemáticas, es un buen profesor, pero no es un buen negociante, pues siempre da clases gratis o al menos a cambio de una Coca Cola dos litros y medio y –para variar— un buen pedazo de pan. No pide nada más. Nunca pide nada, así que hay que aprender a descifrarlo. Lo único que pidió una vez fue una torta de chocolate, rellena de chocolate líquido y trocitos de chocolate por fuera. Casi le da un coma diabético, pero fue feliz.

Ahora habla un poco más. Creemos que desde que lo operaron de la tiroides le quitaron al fin ese taco que le impedía comunicarse. Al menos esa es nuestra teoría.

Maritza:O simplemente Mary, tal vez Martina (así se hace llamar en ciertas ocasiones que no voy a mencionar). Para ella hay una definición simple: LOCA. Aún no sabemos por qué es así, pero eso es lo que la hace ser tan divertida, porque realmente no tiene gracia para contar un solo chiste.

Ella puede combinar mil temas de conversación al tiempo, pero al final nunca se acordará de nada. Es como desvirolada. Le gusta gastarse la plata en chucherías, así que pueden aprovecharse de ella para que les compre lo que sus mamás no.

Puedo asegurar que cuando nazcan los próximos retoños les cantará “Había una vez una iguana con una ruana de lana”… les pondrá videos infantiles y de paso les cantará todas las canciones que ponga. Si les piden unas de Enrique y Ana que las bailará y las cantará como si tuviera de nuevo cinco años.

Álvaro José: No le gusta que le digan su nombre completo, dice que es mejor mentarle la madre. En la lista de los payasos de la casa va en segundo lugar, el primero es mi tío Álvaro (su papá). Aunque creo que ya Fernando José y Emmanuel lo desbancaron al cuarto.


Cuando chiquito era una piquiña completa, amante de los videojuegos y de los yesos, pues cuando no tenía uno buscaba la manera de que al menos le vendaran el brazo para no tener que ir a estudiar. Supongo que ya dejó de buscar a “ese h.p que se inventó el estudio”. Ahora lo que le encanta es buscar trabajos que le den verdes, espero que sea para venir a gastarnos al menos una gaseosa cuando venga a Colombia.


Con una Premio Roja, cientos de empanadas vallunas y un sancocho de pescado de la Galería Alameda será un hombre completamente feliz. Y si de postre le regalamos un chocorramo, su sonrisa durará unas horas más.

Olga Lucía: Simplemente Olguita, porque el nombre completo es sólo para cuando la van a regañar. Es una persona muuuy juiciosa. Antes era como tímida, pero ha cambiado. Yo creo que era porque casi no la traían a jugar a la casa del abuelo, mientras los demás no nos separábamos.

Le gusta hablar de toooodo. Le encanta bailar, ir a conciertos y salir con sus amigas y sus primas (por supuesto).

Realmente nunca he escuchado chistes de su parte, pero se ríe de todos, hasta de los de Andrea. Ella es la más juciosa haciendo ejercicio (realmente creo que es la única que hace ejercicio de todas nosotras). Nada y va al gimnasio. Antes era blanca, como casi todas nosotras, pero de tanto nadar a medio día, ya está del color de Julián.


Marcelita: O Marce, NUNCA le vayan a decir Marcela, porque  mirará rayado con esos ojos chinos que tiene. Era la menor de todas hasta que llegó Emmanuel y la bajó del chirimoyo, aunque para mí sigue siendo mi primita, la chiquita (es más grande que yo, pero es la chiquita, qué le vamos a hacer).

Es una niña trabajadora y buena tía. Es la única que ya tiene dos sobrinos y los ama como si fueran sus propios hijos. No le saquen la ‘pepa’ porque se manda un genio que ni qué. En general es muy divertida. Aunque no niego que cuando era chiquita nos hacía reír mucho más, pues bailaba, cantaba y hacía un mundo de payasadas que nos divertía demasiado.

Me acuerdo que cuando ella era muy peque mi hermana y yo le inventábamos muchos cuentos increíbles (y quién sabe, tal vez todavía se crea alguno de ellos, habrá que preguntarle si todavía cree que el pollo que tenía se le perdió y que el conejo se lo robó un vecino).

Le encantan las espinacas, el brócoli y la coliflor, si son gratinados y comprados en Crepes, mejor. Pero si alguien le quiere subir el ánimo, regálenle una malteada de frutos del bosque y será feliz por mucho tiempo.

Emmanuel: Es el primo menor, tal vez ya sea el último. Él es la definición de payaso. Ememe apenas cumplió dos años, pero parece que los tuviera todos, porque hace unas cosas que un niño de esa edad no haría normalmente. Es el alma de las fiestas. Baila solo y siempre hace muchas payasadas para que todo el mundo lo mire y le aplauda.

Ya va al colegio, es el terror de las profesoras porque a veces hace lo que le da la gana. Si se fijan bien en su cara, ya es fácil detectar cuándo va a hacer una maldad: Cierra un poco los ojos, le sale una sonrisa burlona y sale corriendo sin que nadie pueda pararlo.

Si eso es ahora, imagínense lo que nos espera cuando sea más grandecito.

Fernando José: Es el hijo mayor de Andrea. Le encanta tocar el tambor y la batería. De música, pónganle cualquier género que lo baila y lo canta. Es el rey de los chistes malos, digno hijo de su madre. Con micrófono en mano puede animar hasta un velorio.

Fer o Pipo es un gran primo, es juicioso y buen estudiante, aunque todavía es muy desjuiciado para comer, pues todo el día quiere estar jugando.

Juan Carlos: Nosotros le decimos Guachis o Juan Carlitos. Es un niño muy tierno y calmado (aparentemente, porque le dan confianza y … que lo diga la mamá). A diferencia de su hermano, casi no le gusta ser el centro de atención. Prefiere sentarse en una mesa a pintar y a conversar con los demás y dejar que su hermano Fer y Emmanuel hagan de payasos.

Tiene más puntos que cualquiera, pues a sus escasos 4 años ya se ha golpeado mucho y no siempre es porque sea inquieto o muy cansón, sino que simplemente es muy de malas. Él, al igual que Julián, habla lo necesario. Disfruta más una fiesta siendo espectador y comiendo papitas con salsa rosada.
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