viernes, 11 de enero de 2013

Tiernas confusiones


¿Qué cantaba lucho herrera? Nos preguntó a voz en grito una amiga en el salón de clases. Luego de un silencio sepulcral alguien decidió indagarla de por qué hacía esa pregunta. 


Ella, muy tranquila, como solía ser, respondió: "porque acabo de escuchar un pedazo de una canción nueva que dice "yo tomaba chocolisto y escuchaba a Lucho Herrera...", pero como apagué el Walkman no sé que tipo de música cantaba".

'Lucho' Herrera, ¿cantante?
Luego de las risas colectivas le completamos al unísono la frase que la tenía intrigada: "yo escuchaba a Lucho Herrera ¡CORONARSE CAMPEÓN! “.

Confusiones y dudas como esa nos han pasado a todos, unos más que a otros, o mejor, yo más que a ninguna persona que haya conocido (aparte de mi hermana).

Hace poco le comenté a ella un descubrimiento que recién había hecho gracias a una película que vi (y dicen que la televisión no educa). Muy orgullosa de mi aprendizaje, pero a la vez apenada porque 29 años después apenas vine a saber una verdad que ya todos conocían le dije: "acabo de darme cuenta de que toda mi vida estuve equivocada, no se dice 'Crema innata' de la sociedad sino CREMA Y NATA".

Yo esperaba una carcajada de su parte, típica de cuando digo burradas que la hacen reír, pero cuál no sería mi sorpresa al verle la cara de asombro, que completó diciéndome: "entonces yo también estaba equivocada, porque hasta hoy decía lo mismo que vos". Soltamos la carcajada y prometimos guardar ese secreto -hasta hoy-.

***
Al menos ahora que estoy ‘grandecita’ me dejo corregir y hasta dejo que se me burlen por entender cosas que no son, o por cambiar frases reconocidas como “poner los puntos sobre las íes” por algo tonto y sin sentido como “poner los puntos sobre la sies”. Vaya uno a saber qué significa sies.

En el jardín infantil me enseñaron una canción muy linda de una vaquita coqueta y arrebatada, yo la cantaba todos los días a toda hora, y la estrofa final me parecía de lo más tierna porque, para mí, decía:

"Oiga bien lo que le dijo
el torito CON UN AVIÓN 
(yo me imaginaba al torito con un gorrito hermoso con hélice -ver foto- y con un avioncito de papel en la mano).

Pero mi papá se empeñaba en corregirme la estrofa, hasta el punto de hacerme llorar de la ira, y me decía que se cantaba:

"Oiga bien lo que le dijo
el torito cuando la vio:
atrevida, descarada, vaquita arrebatada".

Ustedes no se imaginan lo duro que ha sido para mí desde la infancia tener que cambiar esa imagen del torito hermoso por uno regañando a la vaca esa.

***
Cuando tenía como 12 años y la ingenuidad aún invadía mi ser –además de que el vocabulario que yo manejaba era literal y digno de cualquier diccionario—, me llamó por teléfono una amiga del colegio y me dijo “haceme un 14 grandote”, luego seguimos hablando de tareas y de otros temas poco relevantes y quedamos de vernos ese mismo día en el club.

Como mi hermana siempre ha sido mi cómplice y manejaba mejor la regla, le pedí el favor de que me hiciera un 14 grandote en cartulina, porque mi amiga Clara me había pedido ese número. Tal vez para el cumpleaños de la hermana, pensé.

A la hora indicada llegamos a la cita. Mis papás me acompañaron a entregar el mandado y fueron testigos de lo que sucedió a continuación: le entregué el 14 en cartulina y uno en papel (por si necesitaba la muestra) y mi amiga, al recibir el mandado abrió los ojos como platos y no podía hablar de la risa. Cuando por fin pudo hablar me dijo: “Vero, hacer un 14 grandote quiere decir un FAVOR INMENSO NO UN NÚMERO EN CARTULINA”. 

Mientras mis papás se unían a las risas yo no podía articular palabra de la piedra que tenía al ver que la obra de arte que mi hermana y yo hicimos con tanto empeño se iba de una a la basura, mientras que la anécdota desde ese entonces perduraría en los recuerdos de todos.
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