viernes, 11 de enero de 2013

Tiernas confusiones


¿Qué cantaba lucho herrera? Nos preguntó a voz en grito una amiga en el salón de clases. Luego de un silencio sepulcral alguien decidió indagarla de por qué hacía esa pregunta. 

Ella, muy tranquila, como solía ser, respondió: "porque acabo de escuchar un pedazo de una canción nueva que dice "yo tomaba chocolisto y escuchaba a Lucho Herrera...", pero como apagué el Walkman no sé que tipo de música cantaba".

'Lucho' Herrera, ¿cantante?
Luego de las risas colectivas le completamos al unísono la frase que la tenía intrigada: "yo escuchaba a Lucho Herrera ¡CORONARSE CAMPEÓN! “.

Confusiones y dudas como esa nos han pasado a todos, unos más que a otros, o mejor, yo más que a ninguna persona que haya conocido (aparte de mi hermana).

Hace poco le comenté a ella un descubrimiento que recién había hecho gracias a una película que vi (y dicen que la televisión no educa). Muy orgullosa de mi aprendizaje, pero a la vez apenada porque 29 años después apenas vine a saber una verdad que ya todos conocían le dije: "acabo de darme cuenta de que toda mi vida estuve equivocada, no se dice 'Crema innata' de la sociedad sino CREMA Y NATA".

Yo esperaba una carcajada de su parte, típica de cuando digo burradas que la hacen reír, pero cuál no sería mi sorpresa al verle la cara de asombro, que completó diciéndome: "entonces yo también estaba equivocada, porque hasta hoy decía lo mismo que vos". Soltamos la carcajada y prometimos guardar ese secreto -hasta hoy-.

***
Al menos ahora que estoy ‘grandecita’ me dejo corregir y hasta dejo que se me burlen por entender cosas que no son, o por cambiar frases reconocidas como “poner los puntos sobre las íes” por algo tonto y sin sentido como “poner los puntos sobre la sies”. Vaya uno a saber qué significa sies.

En el jardín infantil me enseñaron una canción muy linda de una vaquita coqueta y arrebatada, yo la cantaba todos los días a toda hora, y la estrofa final me parecía de lo más tierna porque, para mí, decía:

"Oiga bien lo que le dijo
el torito CON UN AVIÓN 
(yo me imaginaba al torito con un gorrito hermoso con hélice -ver foto- y con un avioncito de papel en la mano).

Pero mi papá se empeñaba en corregirme la estrofa, hasta el punto de hacerme llorar de la ira, y me decía que se cantaba:

"Oiga bien lo que le dijo
el torito cuando la vio:
atrevida, descarada, vaquita arrebatada".

Ustedes no se imaginan lo duro que ha sido para mí desde la infancia tener que cambiar esa imagen del torito hermoso por uno regañando a la vaca esa.

***
Cuando tenía como 12 años y la ingenuidad aún invadía mi ser –además de que el vocabulario que yo manejaba era literal y digno de cualquier diccionario—, me llamó por teléfono una amiga del colegio y me dijo “haceme un 14 grandote”, luego seguimos hablando de tareas y de otros temas poco relevantes y quedamos de vernos ese mismo día en el club.

Como mi hermana siempre ha sido mi cómplice y manejaba mejor la regla, le pedí el favor de que me hiciera un 14 grandote en cartulina, porque mi amiga Clara me había pedido ese número. Tal vez para el cumpleaños de la hermana, pensé.

A la hora indicada llegamos a la cita. Mis papás me acompañaron a entregar el mandado y fueron testigos de lo que sucedió a continuación: le entregué el 14 en cartulina y uno en papel (por si necesitaba la muestra) y mi amiga, al recibir el mandado abrió los ojos como platos y no podía hablar de la risa. Cuando por fin pudo hablar me dijo: “Vero, hacer un 14 grandote quiere decir un FAVOR INMENSO NO UN NÚMERO EN CARTULINA”. 

Mientras mis papás se unían a las risas yo no podía articular palabra de la piedra que tenía al ver que la obra de arte que mi hermana y yo hicimos con tanto empeño se iba de una a la basura, mientras que la anécdota desde ese entonces perduraría en los recuerdos de todos.

viernes, 4 de mayo de 2012

Comiendo cuento

Alguna vez les había contado que les tengo miedo a las vacas, porque cuando aún era una infante mi papá me confirmó que yo era de pasto y como no me habían explicado bien qué era ser pastusa, pensaba que un rumiante de esos me podía comer. Lindo, sí, da risa, pero para mí es traumático.

El problema es que este no es el único cuento que le he comido a mi papá, y lo más triste de todo es que muchos de ellos todavía me niego a que sean mentiras (incluyo la existencia del Niño Dios y del Ratón Pérez).

Cuando tenía como dos años nos montamos en un tren con rumbo a cualquier parte. Con mi ronca voz le pregunté a mi papá (que todo lo sabe) cómo hacíamos para que el tren arrancara. Él, en su infinita sapiencia, sacó una moneda de $20, la metió en una ranura y el tren arrancó. ¡Uff pensé yo, mi papá sabe hacer andar los trenes!

Años después (creo que ya tenía más de 20), mi papá me confesó que esa vez él había visto que el motorista ya se estaba acomodando para prender la locomotora y que por eso pudo jugar con mi inocencia.

Cuando tenía 5 años y durante casi 5 más mi papá siempre me preguntaba si quería jugo de nube, yo, muy contenta e ilusionada le decía que SÍ, pero luego me decepcionaba porque, entre carcajadas, me pasaba un vaso con agua de la llave. Y aunque me prometía que no iba a volver a caer en esa pesada broma, siempre caía.

***

Cuando estaba en cuarto de primaria hicimos un experimento con azufre en el colegio. Por la tarde llegué a la casa oliendo a mil demonios, mi mamá intentó hacerme bañar, pero no quise, así que me fui a jugar donde mi abuela. Después de un rato mi papá llamó donde mi abuela y me hizo pasar al teléfono y lo primero que me dice es “¿uff qué es ese olor a azufre?”. 

En medio de mi inocencia me sentí avergonzada porque mi hediondez pasaba las barreras del teléfono, pero traté de negar que yo era la fuente del olor, así que le dije que nada. Luego me dijo “póngase el teléfono en la cabeza yo la huelo”, y adivinen qué hice… Sí, me lo puse en la cabeza, con los cachetes rojos por la pena de que mi papá me tuviera que oler y me descubriera en  mi mentira. Al no tener nada qué refutar me tocó salir corriendo a bañarme a ver si volvía a oler rico.

Años después me di cuenta de que mi papá previamente había hablado con mi mamá y ella le contó lo de mi experimento en el colegio y lo fuerte que yo olía, pero que me rehusaba a bañarme. Esa bromita realmente no me gustó, porque una cosa es ser inocente, la otra es ser boba, yo me siento como la segunda.

***

De los tantos recuerdos que tengo de la finca hay dos que me parecen bonitos, inocentes.

Uno de ellos es que cada que se iluminaba el cielo cuando empezaba a tronar, mi papá nos decía que esos reflejos detrás de la montaña no eran más que las olas del mar pacífico chocando contra las rocas, y que chocaban tan duro que iluminaban el cielo, pero que sólo se veía desde ciertas ubicaciones, como en los Farallones de Cali. Privilegiados nosotros por poder ver ese espectáculo único, ¿no?

Otro cuento que aún me atormenta es un poco asustador, ahora sé que es mentira, pero todavía me causa escalofríos. Resulta que cuando recién compramos la finca, nos íbamos a dormir en carpas, paseo  mucho más emocionante cuando tienes 8 años. Como mi papá es scout, él nos contaba todas las aventuras que tenía cuando niños, lo cual nos emocionaba mucho y por eso le pedíamos que nos enseñara a vivir en el monte, como él aprendió.

Lo primero que nos enseñó fue a armar la carpa, a hacerle una zanja para evitar que nos inundáramos y a usar una linterna. Luego nos explicó la importancia de hacer guardia mientras los demás dormían. Las reglas básicas para una buena guardia eran no dormirse, no hacer bulla y vigilar por todos lados para que no llegara un animal y se nos llevara la comida. Nosotros no vimos complicado el trabajo, así que decidimos vivir esa aventura, pero antes de empezar el primer turno de la guardia nos dio un último consejo: ¡cómo reconocer un animal en la oscuridad!

“Si ven unos ojos rojos chiquitos, a la altura de la pantorrilla o menos, puede ser un gato doméstico o salvaje; si los ojos llegan un poco más arriba, es un zorro; si llegan a la rodilla es un lobo; si les llega al pecho es un tigre; pero si los ojos son más altos que ustedes, puede ser el diablo, así que deben quedarse en silencio hasta que él se vaya para que no se los lleve”. Con esa recomendación tan detallada ya no quisimos hacer guardia esa noche (y ninguna otra) argumentando cansancio, pero la verdad es que teníamos pavor de que nos llevara el… tigre.

Mi papá todavía no me ha dicho si eso es verdad o mentira. Creo que todo es un invento de él, pero para ser sincera, cuando voy al baño de la finca en las noches, trato de ir con los ojos cerrados, no sea que desde el pasillo vea venir unos ojos que están más altos que mi cabeza, porque la verdad a mí me dan mucho miedo los… tigres.

Cuando descubrí que todo lo que creí durante mucho tiempo no eran más que bromas y mentiras me sentí muy triste, pues confiaba en los adultos, en su sapiencia, en su sinceridad. Pero ahora que también soy adulta y le meto cuento a mis primitos, me da alegría verles la cara de sorpresa, la alegría de saber que uno ha vivido más que ellos y que les está compartiendo toda la sabiduría adquirida por tantos años, porque muchas de las cosas que les cuento han sido transmitidas de generación en degeneración.

Pd: Marcelita, sé que siempre te dijimos que al conejo se lo robó el vecino y que Mickey, tu perro, se murió de viejo. Lamento decirte que… es verdad jaja.

lunes, 5 de marzo de 2012

Ya le vi la cara a mi sobrin@

El viernes 2 de marzo por primera vez le vi la cara a mi sobrin@. Aunque afirmar que se la vi es un decir, porque más bien parecía un fríjol con un poquito de perfil (por lo menos así lo veo yo). Y no me juzguen de loca, porque si le creen a la gente que dice haber visto la cara de Jesús en un pedazo de pan quemado, o en un tronco de algún árbol agonizante, ¿por qué no voy a poder decir que le vi el perfil con nariz y todo?
Este es mi sobri, yo insisto en que ya tiene carita!

Realmente es hermoso pensar en el milagro de la vida, disfrutar esas imágenes de un fríjol con un corazón que late a la velocidad del aleteo de un colibrí. También me deja tranquila el hecho de que es mi hermana la que sufre los mareos, el desgano y los antojos, no yo. Yo sólo disfruto, veo tras la barrera y me emociono. No lloro, ni que fuera mi mamá que es lágrima floja.

La noticia que todos esperábamos
Cuando me enteré de que mi hermana estaba ligeramente embarazada me alegré un poco, pero como no era nada confirmado no hice bulla. Luego de que vi el resultado del examen de sangre –que no entendí ni un poquito- me sonreí, porque no me alegro de las cosas que no entiendo, pero cuando mi tío el pediatra le confirmó que estaba embarazadísima me alegré muchísimo.

Primero miré a mi prima Andrea, luego a Fer, los tres sonreímos. Después nos acordamos de mi hermana y Jose, los miramos y estaban pálidos, sin sonrisa, sin saber qué decir, sin saber qué hacer. Es que a uno no le dicen cómo reaccionar en esos casos. Ya cuando despertaron del ensimismamiento empezaron a llamar a la familia, a los casi 50 integrantes de las tres familias. Luego a los amigos, a los amigos de los amigos, a los jefes, yo creo que hasta llamaron a la Policía a contarles que iban a tener un bebé.

Una nueva experiencia
Ser papás debe ser algo bonito, pero me dicen que ser tío es la maravilla convertida en bebé, pues según los tíos expertos uno cuida, se divierte, aprende, alcahuetea, pasea, se gasta plata por montones en chucherías, regalos y demás cosas para los sobrinos, pero que al llegar la noche los sobrinos son devueltos a sus progenitores y la tranquilidad vuelve a la casa de uno.

Vamos a ver cómo me va de tía, porque tengo cuatro sobrinos prestados, pero creo que no se compara con ver al hij@ de mi hermana, verle crecer la panza, luego tenerlo en mis brazos, verlo crecer, llorar, reír, gritar, enseñarle palabras pastusas, enseñarle a nadar, a jugar Wii, en fin, ser la parte lúdica de la familia, mientras los papás del bebé, los papás de Jose y mis papás le enseñen a ser buenas personas, a respetar a los mayores y todas esas cosas de valores y normas que nosotros también  aprendimos pero que muchas veces olvidamos.

¡Gracias Mary y Jose por este regalo que nos han dado, creo que todos lo esperábamos con ansias locas!

Pd: Se reciben consejos de cómo actúan los tíos!

jueves, 27 de octubre de 2011

Chao abuelo pachanguero

Escribir palabras de despedida para mi abue es lo más difícil que he hecho en mi tiempo como escritora, pero él merece ser recordado con sonrisas y no con lágrimas, porque fue mucho lo que gozó durante sus 80 años.

El último cumpleaños lo celebró por todo lo alto con mariachis, antifaces y toda la familia que lo ama. Así debía festejar sus 80 primaveras un abuelo como él, rodeado de amor, de felicidad, de abrazos, de torta y por supuesto, de muchos regalos y música.

La última vez que vi a mi abuelo pachanguero fue el 28 de septiembre. Ese día estaba sentado en la sala, conversando con mis primos y con Alfredo. Nos pusimos a ver un partido de beisbol porque el clásico América-Cali, ese que le encantaba ver por televisión, no lo pasaron, y menos mal, porque la mechita, su equipo amado perdió contra ‘los perros’.

La sonrisa que iluminaba su rostro también iluminaba toda la sala, esa en la que bailamos hasta el amanecer acompañados de sus palmas, sus canciones y sus brindis. No parecía que recién hubiera salido de una cirugía de apéndice. La emoción con la que mi abuelo me saludó y el abrazo que todavía siento en mi cuerpo fueron los mensajes más claros que él me había dado en toda la vida: mi abuelo nos amaba, y su felicidad más grande era vernos siempre reunidos al lado de él.

Puedo asegurar que mi abuelo fue un viejo feliz, enamorado de su familia, de sus nietos y bisnietos y de una que otra amiga de la tercera edad. Era tan famoso que en los salones de clase y en las oficinas de nosotros todos sabían quién era él, todos preguntaban por el abuelo y decían que querían conocerlo, pues era el viejo más famoso de Cali.

Participó en un video de la Universidad Santiago de Cali, salió en trabajos de fotografía de mis compañeras de la Autónoma, era ‘novio’ de más de una amiga de nosotras y hasta le quedó debiendo a más de una su última bailada.

Porque eso sí, mi abuelo bailaba como ningún otro. Era el rey de la pista, se bailaba desde una salsa hasta un joropo y las mujeres siempre cogían turno para pachanguear con él.

Ese roble que era mi abuelo dejará una huella imborrable en todos nosotros: familiares, amigos, conocidos y desconocidos, pues la energía que emanaba, las historias que nos contaba y las carcajadas sonoras que nos contagiaban, seguirán sonando en todos los rincones de Cali, Pasto, Pitalito, Bogotá y todas las partes de Colombia donde él viajó en su mula.

Y como decía mi abuelito: ¡échenle gasolina a esa herida para que sanen todos nuestros corazones!

martes, 25 de octubre de 2011

Tu inesperada partida al cielo

POR ESTHER MONTEALEGRE

Se nos fue en cuerpo no en alma nuestro viejo querido, el rey, el papá, el hermano, el tío, el abuelo, el alcalde del barrio, la persona más alegre que ha podido tener este mundo, la persona que sí le hizo un homenaje a su apellido Montealegre en vida y perdurará por siempre en la mente y en el corazón de todos los que lo conocieron y los que escucharon hablar de él.

Se me fue el modelo de fotografía, mi actor de dramatizados y cuanta tarea me dejaron en la U, no se le arrugaba a cambiarse de pinta para tomarle la mejor fotografía. Se fue el amigo de todos mis grupos sociales; de los scouts, del club de fotografía, de mis compañeras del colegio y de la U, de mis amigos del alma.
Se me fue el alcahueta de rumbas y festejos hasta último momento, porque me dijo que celebrara mi cumpleaños el sábado 30 de septiembre a pesar de que lo volvían a hospitalizar.

Ahora quién me va a decir “mi guerrillera”, “mi puto genio”, “mi cocolita”, como me dijo la última semana con mi cambio de look, que por supuesto le encantó.

Pero me queda el mejor ejemplo de verraquera en la vida, de hacer un trabajo bien hecho de principio a fin, de ser responsable en todo lo que me proponga, de inyectarle esa chispa a la vida que gracias a Dios con orgullo le heredé, a no tener pena de nada, de ser una buena persona, hija, hermana, tía, amiga, esposa y ante todo a ser la mejor mamá del mundo.

Extrañaré todas tus exageraciones, hacer mucha comida por si llega alguien, a convertir un chiste malo en una larga historia, a cambiarle el nombre a las cosas “las Tascas” por “las pascas”, “fufurufas” por “furufas”. O dichos como “lo tenía entre los cachos”, cuando estaba pensando en alguien.

A amar las rancheras y por supuesto a Vicente Fernández y Antonio Aguilar entre otros, a apoyar el equipo que nos trajo por fin una alegría aquel 19 de 1979, ya todos saben que era más hincha del América que volverlo a decir, porque montó en el bus Blanco y Negro a todos los vecinos del barrio con las tapas de las ollas, pitos y trompetas.

Pero queridos familiares, amigos y conocidos nuestra casa estará de puertas abiertas para ustedes como siemprelo ha sido. Desde las 4:00 de la tarde hay café, a veces con pan, otras veces usted lo traerá, nos disfrazaremos todos el 31 de octubre, seguiremos vendiendo chorizos algún fin de semana, rezaremos la novena en diciembre, jugaremos amigo secreto y sagradamente el 24 nos repartiremos los regalos, y el 1º de enero celebraremos su cumpleaños.

Todo porque le debemos seguir haciendo un homenaje a este gran hombre…

MI VIEJO QUERIDO…

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Caídas pendejas

-A tu mamá la atropelló una moto
-Quéeeeee????
-La moto iba empujada
-Ahhhhh????
-Y además estaba varada
-Noooooooo

Y así fue como recibí la noticia del último accidente que tuvo mi mamá.

Resulta que ella estaba parada junto a mi abuelo y una de mis tías, cuando una moto que venía apagada y estaba siendo empujada por su dueño fue arrojada hacia un lado por una camioneta que pasó a toda y prácticamente la mandó hacia donde estaba mi familia.

Mi mamá trató de esquivarla, pero también trataba de cubrir a mi abuelo para que no lo fuera a golpear. El resultado final: moñona! La moto tumbó al motociclista, quien empujó  a mi mamá, quien tumbó a mi tía y se llevó a mi abuelo al piso. El diagnóstico: hematomas y un ataque de risa que todavía les da a todos cuando cuentan la historia. Afortunadamente el percance no pasó a mayores y ahora todo hace parte del repertorio de ‘caídas pendejas’ de mi familia.

II
Otro día, unos años antes de la ‘atropellada’, mi mamá llegó a la casa con las rodillas raspadas. Cuando le preguntamos qué le había pasado, la risa no nos dejaba terminar de escucharla, pues para variar, su accidente había sido tan absurdo que daba rabia.

Resulta que ella estaba parada en alguna parte del parque de Candelaria (Valle), cuando un loco empezó a perseguir a un perro y a amenazarlo con un palo. El perro, que no era bobo, decidió huir del lado del loco y salió corriendo, se metió entre las piernas de mi mamá, la enredó y la hizo caer de rodillas delante de muchos de sus alumnos y padres de familia. Luego de la preocupación de quienes vieron la caída y de la rabia de mi mamá, la risa –para variar- no se hizo esperar, y creo que todos aún recuerdan a la profesora que fue tumbada por un perro en el parque.

III
Mi mamá no es torpe, sólo le pasan cosas extrañas como a mí, a mi tía Olga y a muchos otros miembros de la familia que supongo no quieren ser nombrados. Aquí otra historia:

Un domingo en la mañana salió Olga a la ciclovía, muy animada porque iba a hacer ejercicio. En un tramo de la ciclovía, en la Tercera Norte, había un grupo de personas lanzándose por las rampas en patines y bicicletas. Como mi tía vio que la gente se deslizaba tan fácil, ella quiso hacer lo mismo, pero cuando ya estaba arriba vio que la altura estaba más allá de lo que imaginaba y como no quería hacer el ‘oso’ tirándose por la rampa para luego estampillarse contra el piso, decidió bajarse por la misma parte donde se había subido.

Sin embargo, los pies se le enredaron en la bicicleta y sucedió lo que ella tanto estaba evitando: cayó al piso con bicicleta y todo, lo peor es que no fue por la rampa sino por un ladito. Mi tía se levantó adolorida y los ayudantes la pararon preocupados por semejante totazo. La vaina no fue grave, sólo le dejó algunos morados, el ego golpeado y una historia más para mi blog.

IV
Desde hace muchos años me burlaba de una prima porque se cayó de una bicicleta estática, le decía que cómo podía ser posible ser tan lento y caer para adelante en algo que no tiene ruedas. Pero como dicen que todo en la vida se devuelve, bueno o malo, mi ‘karma burletero’ llegó en el 2010.

Cuando estaba toda aficionada haciendo ejercicio en mi elíptica (ahora sólo sirve para colgar la toalla) y tenía buen estado físico, me dio por acelerar el ritmo y subir y bajar más rápido de lo que estaba acostumbrada. El problema es que estaba bajo efectos de los antialérgicos por culpa de una laringitis aguda y me sentía como adormilada, sumado al hecho de que mi coordinación está bajo el límite de lo aceptable.

Luego de un rato de subir y bajar las piernas, moviendo los brazos hacia adelante y hacia atrás, se me olvidó qué brazo debía mover con qué pierna y ZÚACATE, me reventé la boca con una de las palancas. La sangre que me salió fue muy poca, pero la hinchazón en mi boca demostró que el golpe fue duro. Es por eso, por mi seguridad, que intento no hacer ejercicios que atenten contra mi vida y la de quienes están a mi alrededor.

Realmente la lista de caídas pendejas es bien larga, así que si ustedes tienen alguna anécdota para hacernos reír un poco, no duden en dejar su comentario acá abajo, yo los leo toditicos!

jueves, 9 de junio de 2011

Confesiones de la primera vez

Estuve indagando sobre la primera vez de nosotras, las mujeres, y me encontré con algunas historias divertidas (incluyendo la mía). Ya es hora de que nos conozcan un poco más a fondo.

La primera vez de ellas fue un poco traumática, la mía fue divertida. Y a todas a las que les pregunté cómo había sido miran como hacia el pasado, cierran los ojos, sonríen y luego dicen: menos mal sólo hay una primera vez, porque yo no vuelvo a sufrir lo mismo.

La mía me da risa, cada vez me parece más absurda, como de mentiras, a otras les parece vergonzosa. Andrea, por ejemplo, todavía no sabía manejar  cuando le entregaron el carro.  Ella estaba confiada porque su amiga (experta al volante) la iba a acompañar hasta el concesionario –al sur de Cali- y luego la llevaría sana y salva a su casa –hasta el norte-.

Los planes no fueron iguales a la realidad: Andrea decidió esperar con su amiga en una tienda hasta que la llamaran para que recogiera su vehículo, pero no contaba con que se iban a demorar en llamarla y que su amiga decidiera calmar la sed con unas cuantas cervezas.

Cuando al fin la llamaron su amiga estaba pasada de tragos, por lo que no estaba en la capacidad siquiera de dar un paso sin ayuda. Así que Andrea se armó de valor y orgullo, se montó a su carro, acomodó el asiento y los espejos (porque eso es lo que había visto hacer), prendió el carro y….. no pudo dar reversa para sacarlo del parqueadero.

Segundo intento… nada. La amiga se había dormido y no podía preguntarle al vendedor dónde estaba la reversa, así que siguió intentando, hasta que media hora después logró su cometido y el carro estaba andando. Bañada en sudor y temblando llevó a su amiga hasta la casa y luego tomó camino hasta el norte. Se fue manejando en primera –pues no sabía cómo y cuándo meter los otros cambios- y luego de casi dos horas de sufrimiento llegó a casa con el carro entero.

II
Cuando Mary cogió el carro sola por primera vez manejó en el sur. Llegó temblando a su destino, las rodillas no la dejaban caminar, tuvo que pedir el favor de que le parquearan el carro porque todavía no sabía calcular distancias y su blusa estaba tan mojada en sudor que parecía recién salida de una maratón de spinning.

Al tener que devolverse a la casa pensó en otras posibilidades como irse en taxi, en MÍO, mandar a recoger el carro o pedirle a alguien que la recogiera. Al final, la valentía fue más fuerte y llegó a su casa con el carro sin un solo rasguño. Lo malo fue a los días siguientes, cuando en plena hora pico le da por meterse por la vía del CAM (en reparación) y un bus le apareció de la nada, dañando una de las puertas del pequeño twingo.

Según la conclusión del guarda de Tránsito, la culpa fue la “falta de pericia de la conductora”, por no decir que “esa vieja tan buñuela se le metió al bus”. Ahora Mary sigue manejando y sus nervios y el carro están mucho mejor.

III
Debo decir que mi primera vez no fue legal. Yo no tenía pase y realmente había visto media clase de conducción con mi papá en un mazda 323. Pero aquel sábado de 2007 no tuve otra alternativa, pues el campero en el que yo iba de pasajera se varó y alguien tenía que manejar mientras el conductor empujaba.

Era un carro viejo, pesado, difícil de hacer andar, especialmente para tres niñas como de mi estatura, así que propuse que mientras Lucho y Carlos (los únicos hombres del parche) empujaban junto a las otras dos niñas que tenían más fuerza, yo iba a ‘chancletear’ el carro porque eso no era nada del otro mundo y al menos yo sabía prender un motor.

Cuando Lucho me preguntó si yo sabía lo que iba a hacer le dije muy confiada: “claro, mi papá tenía un Nissan Patrol y yo hacía lo mismo, hasta llegué a manejarlo”. MENTIRA!!! Mi papá sí tenía ese campero, pero yo NUNCA lo había manejado porque me pareció difícil ponerlo en primera para que arrancara.

Pero ante la necesidad de arrancar ese carro y de saber que la fuerza de dos hombres lograría empujar a ese montón de latas, Lucho decidió confiar en mí, me pasó las llaves del carro y rápidamente me dijo: esta es la primera, apenas el carro esté andando la pone, luego, cuando coja más fuerza le mete segunda, no se olvide de meterle el clutch porque sino no puede.

Primero ‘chancletié’ el carro, que era lo que yo había propuesto. Todo salió bien. El carro en neutro, la gente empujando y yo llevando el carro derechito por la calle principal de Presidente. Hasta allí todo era felicidad, yo tenía el pecho henchido por mi orgullo. “Yo sé mucho, dije para mis adentros”.

Cuando el carro tomó más fuerza me gritaron que lo prendiera y le metiera primera, el camperito verde prendió, y yo lo guiaba a la perfección, era el as del volante.

Mis compañeros seguían empujando para darle más fuerza al vehículo, tenían la confianza y las esperanzas puestas en mí y todo iba perfecto. “Métale segunda que el carro le aguanta”, me dijo Lucho.

Yo, dudosa, le hice caso, pero del susto estaba frenando el carro, que se hacía más pesado para quienes empujaban. En ese momento salió un señor, se montó al carro y me dijo: “deme el volante que yo le arranco ese carro de una”. Yo, como hago caso a lo que me dicen, me bajé (aprovechando la poca velocidad que tenía el carrito y cual malabarista de circo) y dejé que el amable señor se llevara el carro, que prendió divinamente y se fue a unos 40 Km/h.

Mis amigos estaban felices de que el carro hubiera arrancado, su esfuerzo no fue en vano, todos se abrazaban y saltaban como si la selección Colombia hubiera ganado un Mundial, hasta me abrazaron!! Yo me sentía feliz, plena, hasta que alguno de ellos se dio cuenta de que yo, la conductora elegida, estaba brincando con ellos mientras el carro estaba ya lejos de nuestro alcance a pie.

Y quién está manejando??????”, me preguntó Lucho abriendo los ojos como si le fueran a echar gotas. Yo, en mi tranquilidad, le respondí que era un señor que se había bajado de un árbol, se había montado al carro y me había ofrecido arrancar “esa chatarra” y llevarla a un taller que él conocía.

“Vero, nos robaron”, me dijo Lucho con asombrosa calma, como evitando matarme allí mismo. Los demás ya habían salido corriendo detrás del campero con el loco al volante (si no era loco al menos olía como tal).
Para fortuna de todos –especialmente la mía- el amable señor que olía a demonio cumplió su palabra y lo llevó al taller. Allí arreglaron el carro, me volvió el alma al cuerpo, Lucho dejó de pensar en cómo matarme y el loco tuvo su pago con almuerzo.

Ahora, más que ‘chancletiar ‘ un carro lo manejo, tengo pase y soy prudente, pues ya no le doy las llaves a cualquier loco que se ofrezca llevarlo allí nomás. Pero para estar más segura prefiero montar en MÍO, que me lleva y me trae sin tener que sufrir mucho (sólo estrujones y pisotones, pero eso lo soporto).

Andrea, por su parte, aprendió que a los amigos se les pagan los favores después de que los hagan y Mary ya sabe que es mejor andar con una blusa y desodorante en el bolso por si las moscas.

¿Y cómo fue tu primera vez al volante?